Hoy asesinaron a James Flor y Maria Ovidia Palechor Anacona , dos líderes comunitarios de Cajibío. Y mientras sus familias lloran, mientras una comunidad entera siente miedo y mientras el Cauca vuelve a teñirse de dolor, muchos siguen mirando hacia otro lado.

¿Cuántos líderes más tienen que morir para que entendamos que esto también nos afecta a todos? La indiferencia también mata.
Hoy fueron ellos. Mañana puede ser un campesino, un periodista, un dirigente, un comerciante, un vecino… o cualquiera de nosotros.
Si seguimos normalizando los asesinatos, un día nos van a matar y quizá ni siquiera nos demos cuenta del día ni de la hora.
El Cauca no puede acostumbrarse a contar muertos. Necesitamos recuperar algo que la violencia pretende arrebatarnos: la solidaridad, la indignación y la capacidad de unirnos para defender la vida.
No se trata de colores políticos ni de ideologías. Se trata de seres humanos. Se trata de familias. Se trata de nuestro derecho a vivir.



